El Árbol del Mundo

Es una paradoja, aunque siempre estamos en eterno cambio, nos resistimos a cambiar. Hay en nuestra naturaleza una cualidad que resiste. Al borde de la crisis. En el límite. La inmensa mayoría nos vemos obligad@s a cambiar. Sólo en el precipicio evolucionamos. Solo en el precipicio estamos cerca de la respuesta. Ésto sucede también en las sociedades. Todas las civilizaciones llegan a un punto de crisis y avanzan. Sin “razones”, a través de lo que SOMOS.

En esta época de cambio y evolución, la conexión con la raíz y nuestros vínculos naturales con la VIDA y todas sus formas de expresión y manifestación anhelan ser honrados. Estos nuevos cambios actualmente nacen bajo las ramas de la fecundidad femeninas del Árbol del Mundo, que nos enseña como pasar de una preocupación personal a una acción entregada y a la puesta en tránsito de nuevos valores útiles para la humanidad. Ofrecer, nutrir, comunicar, dar, entregar, construir, generosidad…

Alain Bretes en “Les egregores de pouvoir et d’amour” (los egrégores del poder y el amor) dice:

“Un egregor es una idea fuerza que representa al inconsciente colectivo de un grupo humano específico, como ciertos grupos de presión internacionales. Un egregor es una -forma pensada- creada por los deseos, las emociones, los sueños, las aspiraciones, los compromisos y la voluntad de varias personas reunidas alrededor de un proyecto común. La historia nos muestra que todo grupo que se mantiene en su sitio mediante la fuerza y el terror está destinado a desaparecer en un momento dado. Además, al alba de la esta nueva Era, el número de entidades humanas sensibles a los valores que exaltan el Amor Universal aumenta de día en día. El sentido de la belleza, de compartir, del reconocimiento del otro, del respeto, de la escucha, de la compasión y de la alegría, es vivido de forma cotidiana por un número creciente de personas. Los egregores fecundos que se crean por doquier sobre el planeta se preocupan esencialmente de las necesidades de la comunidad antes que de los suyos propios. Hacen gala de responsabilidad hacia otros egregores y se implican en todos los ámbitos de la actividad humana. Los egregores fecundos resplandecen con una Luz incandescente. Son unos centros de fuerza que centellean en el aura del planeta. Al tomar la justa medida de nuestra dimensión interior y al darle la posibilidad de expresarse, vamos a favorecer la expresión de una fuerza bienhechora susceptible de arrastrar al mundo hacia una corriente de Amor que tendrá un efecto devastador sobre las energías de poder…”

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